23 Octubre
San Juan Capistrano
Efesios 4, 1-6: “Un solo cuerpo, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”
Salmo 23: “Haz, Señor, que te busquemos”
San Lucas 12, 54-59: “Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra,
¿por qué no interpretan entonces los signos de los tiempos?”
Al escuchar las lecturas de este día que nos invitan a una reflexión sobre los
acontecimientos y a una interpretación de su significado para nuestros días, se hace
urgente una reflexión y una toma de decisiones ante las graves amenazas de guerra, las
fuertes divisiones, la violencia y la intolerancia de los pueblos. El Papa, contemplando
los negros nubarrones de guerra que se ciernen sobre la humanidad, afirma que “la
comunión con Cristo, no impide, es más, empuja, a buscar el encuentro y el dialogo con
todos los que creen en Dios, para construir juntos un mundo más justo y fraterno” y
nos invitaba a buscar una paz desarmada y desarmante, a caminar juntos. El Papa no
hace más que confrontar nuestra situación con las palabras que hoy nos presenta San
Pablo. Un gran reto ante naciones y pueblos que se han visto divididos y enfrentados
por luchas de tierras, de ideologías y de sentimientos. Sin embargo, también se presenta
como la gran oportunidad para dar un testimonio de que a partir del Evangelio es
posible construir una nueva humanidad. San Pablo en su carta a los Efesios nos recuerda
este día que debemos mantenernos unidos con el vínculo de la paz porque no hay más
que un solo cuerpo y un solo Espíritu; una sola esperanza, un solo Señor… un solo Dios
y Padre de todos. Si Cristo nos invita a que examinemos los signos de los tiempos,
tendremos que reconocer que estamos viviendo tiempos que nos retan por la cantidad de
divisiones, de pleitos y actitudes agresivas. Pero también ésta será la gran oportunidad
para hacer visible nuestra esperanza que se traduce en vivir con un solo corazón y con
una sola alma. No podemos vivir como el avestruz que esconde la cabeza para no darse
cuenta del peligro; necesitamos levantar nuestro rostro y percibir de dónde soplan los
vientos para poder juzgar y distinguir si las acciones que hacemos son buenas o están
deformadas por el mal. Miremos nuestro mundo, nuestra comunidad y nuestra prpia
familia pero poniéndonos delante de Dios y confrontándonos con las palabras de Cristo
¿Qué nos dicen los tiempos que estamos viviendo? ¿A qué nos invita el Espíritu?